El enamoramiento (Yela, 2000) puede considerarse como un síndrome de corta duración en el que se manifiestan principalmente los siguiente síntomas (tampoco estrictamente necesarios ni suficientes):
- Grandilocuencia (estado emocional extraodinariamente intenso, al que uno confiere una enorme importancia).
- Intenso deseo de intimidad y unión con el otro (estar con él físicamente, tocarlo, abrazarlo, compartir experiencias, secretos, relaciones sensuales,... ).
- Intenso deseo de reciprocidad (que el otro también esté enamorado de nosotros). Este deseo se complementa con otros dos procesos: el temor a la no reciprocidad, y la euforia ante los signos de reciprocidad (o cualquier cosa que el enamorado interprete como tal)-
- Atención selectiva (centrada en el otro).
- Pensamientos frecuentes e intrusivos sobre el otro (que resultan incontrolables e interfieren en la actividad normal de la persona).
- Pérdida de concentración (para el resto de las conductas cotidianas).
- Fuerte activación fisiológica ante la presencia (real o imaginada) del otro (excitación, nerviosismo, sudoración de las manos, aceleración cardiaca, auforia,... ).
- Hipersensibilidad ante los deseos y necesidades del otro.
- Vulnerabilidad psicológica (el enamorado es más influenciable y su estado psicológico depende en gran medida -cuando no totalmente- del trato de su amado).
- Cierta timidez ante el otro.
- Sentimientos ambivalentes (el llamado “dulce tormento”).
- Idealización del otro (percepción de características positivas en la otra persona mediante visión positivamente sesgada).
- Atracción física y personal por el otro.
- Ausencia de control voluntario sobre tales sentimientos.

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